SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO – Ciclo C

19 de junio de 2022

Lucas 9, 11b-17

1.-   Se multiplica para alimentar a todos.   La multiplicación de los panes está destinada a alimentar a una multitud. No se reduce a un grupo de selectos. Buena perspectiva para comprender el destino universal de la Eucaristía. Aquel pan multiplicado es figura de Cristo, “Pan bajado del Cielo”, al servicio de quienes buscan ansiosamente seguirlo – escucharlo y aprender de Él -. Cristo es la misma Verdad que los hombres necesitan adoptar para identificarse como tales. Comer su Carne y beber su Sangre es dejarse convertir en Él: Hijo del Padre y Hermano de todos hombres. La Vida eterna, que dispensa a quienes creen en Él, es una participación de la Vida trinitaria. De allí la severa advertencia, a quienes se niegan a “a comer su Carne y a beber su Sangre” o lo hacen indignamente: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes”. “Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”. (Juan 6, 53. 55-56)

2.-   La devoción y culto eucarísticos.   La Iglesia, en la práctica de sus Santos, ha promovido un extraordinario culto a la Eucaristía. Algunos milagros, debidamente registrados durante los dos mil años de su existencia, constituyen la importancia que Dios ha prestado a la “presencia real” de Cristo en ella. Todos los Santos, en la medida de su crecimiento en santidad, han manifestado su fe, con muchas horas de contemplación y en acontecimientos litúrgicos de particular relevancia. Es Cristo mismo, en su gesto conmovedor en la Cruz, como se encuentra ahora en la gloria del Padre. Poseedor de todo poder – “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. (Mateo 28, 18) – se convierte en el alimento de la santidad, desde el perdón de los pecados hasta la total identificación con Él, “el Santo de Dios”. Con el avance de los siglos, la celebración de la Eucaristía ocupó el centro de la Liturgia cristiana. Cristo celebra, con su pueblo creyente, el Misterio de la Pascua. Ya lo es desde que los Apóstoles presidían las primeras Asambleas cristianas: “Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar de la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. (Hechos 2, 42)

3.-   Liturgia dominical y piedad eucarística.   La Liturgia dominical completa, se realiza en la Santa Misa, con la presidencia apostólica: en el sacerdote ordenado para ello; en la proclamación de la Palabra y su comentario homilético; en la fracción del pan, del que se alimenta la comunidad allí reunida. La Reserva sagrada, que se guarda en el Sagrario, tiene un destino: ser el viático para quienes no pueden participar presencialmente de la Eucaristía y prestarse a la adoración pública y privada de los fieles. Como el amor es creativo, la devoción eucarística se expresa en solemnes y públicos acontecimientos: las procesiones de Corpus y los Congresos Eucarísticos. La convicción de fe, que respalda toda expresión de la devoción eucarística, abre un acceso directo a la santidad. Más que aconsejable es necesaria su práctica, particularmente en quienes deben desempeñar un ministerio en favor de la comunidad de la Iglesia. Me refiero a los sacerdotes – obispos y presbíteros – extensivo a los diáconos y a quienes reciben la misión de dispensar la Palabra a los fieles. El Papa San Juan Pablo II, nos obsequió una Encíclica sobre el tema, titulada: “Ecclesia de Eucharistia”. Indicando que la Iglesia vive de la Eucaristía y de ella extrae la luz y la virtud para el cumplimiento de su misión evangelizadora. 4.-   La centralidad de Cristo en la Iglesia y en el mundo.   La Eucaristía destaca, de manera inigualable, la centralidad de Cristo, en la Iglesia y en el mundo. Como Liturgia principal orienta la devoción del Pueblo cristiano a su pleno cumplimiento como Reino de Dios. Durante su fase temporal se constituirá en testigo de Cristo, y ejecutor de su misión evangelizadora. Motivo para un examen de conciencia. ¿Cómo expresamos nuestro amor a Cristo y, en consecuencia, su centralidad de nuestras vidas? Son innumerables los testimonios, de obispos, sacerdotes y laicos, que proporcionan una perspectiva ejemplar de vida cristiana. La devoción eucarística los pone en relación con Quien es el autor de la fe y el transmisor único del Espíritu santificador. Los santos, algunos en brevísimo tiempo, nos ofrecen diversas pruebas de la eficacia santificadora y apostólica de la Eucaristía. Recordemos al recientemente canonizado San Carlos de Foucauld y al Beato Carlo Acutis, entre tantos otros.