DOMINGO 15 DURANTE EL AÑO – Ciclo B

11 de julio de 2021

Marcos 6, 7-13

1.-   Los envía como el Padre lo envió.   El envío de los Doce, que Jesús decide, puede causar sorpresa a los mismos enviados. De esta manera los asocia a la misión que recibió de su Padre. Para ello les otorga facultades – que le son propias – que acreditarán ante el pueblo su legitimidad. Esa sorprendente asociación señala el carácter participativo del ministerio que Él desempeña como origen y fuente primordial. En la Iglesia de Cristo, todos los bautizados están asociados, con distintas funciones y carismas, para evangelizar al mundo. Evangelizar es la misión esencial de toda la Iglesia: “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia su identidad más profunda”. (San Pablo VI: Ev. Nun. n° 14) Ha sido creada y es enviada para que el mundo reciba la Buena Nueva, y por ella sea salvado. Es preciso despertar la conciencia, en todos los bautizados, de su identidad “más profunda”.

2.-   El Evangelio requiere un corazón amante.   Los consejos prácticos incluyen una simbología de singular actualidad. Más allá de la exhortación a viajar desprovisto de obvias seguridades, está la convicción de que la eficacia de toda actividad misionera depende del poder de la Palabra transmitida. Cristo resucitado es la causa de salvación del mundo. No lo son las diversas estrategias, que los hombres intentan emplear con calculado esfuerzo. El ejercicio del ministerio es simple, no queda enredado en los complicados vericuetos de los artilugios humanos. El conocimiento del Evangelio necesita corazones amantes más que intelectos superdotados. Sin desmerecer los esfuerzos de inteligencias luminosas, como la de Santo Tomás de Aquino, aparecen los Padres como San Agustín, San Ambrosio y San Juan Crisóstomo, en quienes la actividad contemplativa aventaja a la misma actividad intelectual. La contemplación, que es amor, posee la facultad extraordinaria de conocer el Misterio contemplado: Dios mismo.

3.-   El equilibrio apostólico.   En las recomendaciones, que el Señor imparte a los Doce, se los ilustra cómo deben comportarse con quienes los reciban cordialmente y con quienes los rechacen: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. (Marcos 6, 10-11) Para lograr el equilibrio entre estas dos actitudes apostólicas se requiere el espíritu de mansedumbre y justicia, que Jesús testimonia magistralmente, tanto cuando trata con los pecadores como cuando reprende, con gran severidad, a los fariseos. No es fácil hoy adoptar ese espíritu, ya que debe enfrentar situaciones de gran agresividad de parte del mundo, situado en las antípodas de ese equilibrio virtuoso. Mientras sea el Espíritu del Padre y del Hijo, quien ilumine el comportamiento de los discípulos, podrá ser resuelto cualquier  conflicto o complicación. Está la historia como prueba; Dios es absolutamente fiel y no abandona jamás a sus fieles.

4.-   La Iglesia y el mundo.   En las recomendaciones de Jesús a sus Apóstoles se oculta una enseñanza de fondo. Consiste en la necesidad de aceitar debidamente un sistema de relaciones, con los hombres, que haga viable la exposición de la Buena Nueva. La amabilidad en el estilo coloquial y la firmeza en los criterios para discernir el bien del mal, lo verdadero de lo falso, actúan oportunamente cuando las circunstancias sociales así lo exigen. Es preciso estar dispuestos a asimilar la Palabra escuchada. Para ello se necesita que el Evangelio sea proclamado al mundo, sin temerosas simulaciones ante las amenazas de quienes se consideran poseedores de la razón. La sabiduría se manifiesta en personas que, por la humildad, descubren la presencia de Cristo, Palabra encarnada: “Camino, Verdad y Vida”.