Quinto Domingo de Pascua – Ciclo A

10 de mayo de 2020

Juan 14, 1-12

1.-       Lo esencial de la Divina Revelación.   Jesús es el acceso al conocimiento de Dios. ¡Con qué claridad lo manifiesta ante el ánimo consternado de sus discípulos! En circunstancias como las actuales se produce una verdadera urgencia por conocer a Dios. Sin ese conocimiento nuestra vida, y sus procesos naturales de nacimiento y muerte, son incomprensibles. Como es su estilo, el Apóstol Juan va al núcleo de la enseñanza del Maestro y deja al descubierto lo esencial de la Divina Revelación. Recupera continuamente el contenido de la predicación de Jesús y emplea su capacidad de síntesis al redactarla: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí”. (Juan 14, 1) A partir de esa afirmación teje una serie de manifestaciones que descubren el núcleo mencionado: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre”. (Juan 14, 6-7) Echar un manto de duda sobre el intento de acceder al conocimiento de Dios presenta una gama múltiple de obstáculos evitables. Desde el ateísmo confeso y profeso hasta la superstición, existe, en la sociedad, una oscilación innegable y vertiginosa. Esto contribuye a la confusión y al inconfesado drama espiritual contemporáneo.

2.-   Cristo, Camino que conduce a Dios.   Cristo viene a ofrecer una perspectiva distinta. No opcional sino necesaria y única. Se presenta como el Camino que conduce al verdadero conocimiento de Dios y que logra su formulación auténtica de su condición divina: Él es la Palabra, el Hijo, la revelación de Dios Padre y el dador del Espíritu Santo. Esta clave de interpretación nos permite entender sus palabras: “El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? (a Felipe) ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”. (Juan 14, 9-11) Ya que el hombre – por el pecado – ha deformado la imagen que debía proyectar de Dios; el Verbo se hace Hombre, para que así – los hombres todos – puedan recuperar su original capacidad de ser imagen de Dios. La respuesta de Jesús a Felipe revela cuál es la misión que el Padre le encomienda: visualizar al Dios invisible: “El que me ha visto, ha visto al Padre”. Implica, para el mundo, conocer a Dios y restablecer con Él las relaciones filiales originales. Cristo es Dios Hijo que se hace Hijo del hombre, para que todos los hombres puedan recuperar su condición filial de la que el pecado los ha despojado. Lo hace mediante la maternidad virginal de María, el nacimiento en Belén, su tránsito misionero, su Muerte y Resurrección. Es el cumplimiento de la Nueva Pascua.

3.-   Por la fe se llega a toda la Verdad.   La revelación de Dios en Cristo no deja disyuntiva: o se lo reconoce a Él como “sacramento del Padre”, o se desciende a la idolatría, banal y nada religiosa. Hay quienes intentan destruir la certeza de que Dios exista, negándose a responder al principal enigma humano – mediante el denominado “ateísmo militante” – ofreciendo una argumentación filosóficamente inconsistente. Negar la realidad, no hace que (la realidad) sea menos realidad. Dios existe no porque yo lo piense existente, sino porque cubre el panorama de mi vida dando sentido a todo lo que existe, y a mí mismo como existente. Cristo viene a superar mi limitada capacidad intelectual, a trascender mis sentidos y a conectarme con el Misterio divino mediante la fe. Así llegamos a entender la sucesión de encuentros de Cristo resucitado con sus discípulos, como un entrenamiento oportuno en la fe. Es esencial la fe para el conocimiento humano como lo es la misma formulación de la verdad obtenida. Por la fe se llega a la Verdad, a toda la Verdad, no como logro intelectual sino como posesión amorosa. El ser humano, que encuentra en el amor su plenitud, no puede más que personalizarlo en Dios: “Dios es Amor” (1 Juan 4, 8), sentencia San Juan; en consecuencia, nadie conoce a Dios como Verdad, si no lo ama con todo su ser. El primer mandamiento lo expresa así: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley? Jesús le respondió: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu” (Mateo 22, 36-37). El celo misionero de los Apóstoles responde a la urgencia de transmitir el conocimiento del Amor de Dios mediante la Buena Nueva de la Resurrección.

4.-   La verdadera imagen de Dios.   Creer en Cristo – y creerle – es relacionarse con el Padre Dios. El mundo necesita encontrarse con Dios, revelado por Cristo como el único Dios, que es Padre. Felipe representa a todos los hombres al solicitar a Jesús ver al Padre: “Muéstranos al Padre”. Es el conocimiento necesario, por el que tendremos la única oportunidad de saber quién es Dios y relacionarnos con Él.