El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo C

23 de junio de 2019

Lucas 9, 11b-17

1.- Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Celebramos la presencia real del Cuerpo, Sangre y divinidad de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía. La piedad del pueblo de Dios concluye en una Liturgia, aprobada por su legítima autoridad, que constituye la fuente primordial de vida en el mundo, aunque muchos de sus propios miembros la ignoren. La Eucaristía es celebrada continuamente y su Sagrada Reserva es adorada en privado y en público. La Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, o comúnmente llamada: el “Corpus”, constituye un momento particularmente solemne en la vida de la Iglesia. Manifiesta la centralidad de Cristo resucitado, como verdadero Dios, igual al Padre y al Espíritu Santo. Nos indica que está definitivamente entre nosotros: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mateo 28, 20) Únicamente perceptible por la fe, mediante el signo eucarístico del pan y del vino, transformados, por la consagración, en el Cuerpo y Sangre del Señor.

2.- Un testigo de la fe eucarística. El amor a la Eucaristía posee una raigambre profunda en la espiritualidad cristiana. La convicción, proveniente de la fe, de que Cristo está realmente presente en el Misterio eucarístico, va ocupando el lugar principal en la vida de la Iglesia. Lo comprobamos en todas las épocas de su extensa historia y, con particular énfasis, en la actualidad. Hace veinticinco años fallecía una niña italiana de apenas seis años, cuya causa de beatificación está en proceso. Su nombre es LAURA DEGAN. El ambiente familiar, de sencilla piedad, inspiró en ella, ciertamente, su respuesta admirable a la gracia. Así aclimatada, su joven vida se rindió a la acción del Espíritu y se produjo un crecimiento extraordinario y sorpresivo de santidad. Cristo tomó su pequeña mano y la condujo a ofrecer su vida, por amor a Él, en la cruz de una terrible enfermedad. Su insólita fortaleza se nutrió de la Eucaristía, en la que sus ojos ciegos veían a Jesús. Otro de los puntales de su espiritualidad fue la tierna y filial devoción a la Virgen María. La mejor exposición teológica y poética sería incapaz de revelarnos, con tanta claridad, el inefable Misterio eucarístico que hoy celebramos. Ciertamente la vida santa de los cristianos testimonia la verdad que la Iglesia predica. Los más pequeños santos, como Laurita, son los mejores evangelizadores de un mundo enredado en el error y en el pecado. Es la respuesta de Dios para este momento particular de la historia humana. En estos jóvenes santos, algunos con muy pocos años de vida, resplandece la fuerza de la gracia.

3.- El Pan del peregrino. La Eucaristía es Jesús, que se multiplica como alimento de quienes se disponen a seguirlo, escuchar su palabra y adoptar su proyecto de vida. Es decir, que se deciden a ser cristianos de verdad. El texto de Lucas establece una relación entre la atracción que ejercía Jesús sobre las multitudes, mediante su enseñanza y su empeño en aliviar los sufrimientos, y su condición de “Pan bajado del Cielo”. En el anuncio misterioso de la Eucaristía Jesús desorienta e irrita la sensibilidad de sus discípulos con afirmaciones de difícil contextura idiomática. Es oportuno releer el siguiente texto evangélico: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre no tendrán Vida en ustedes”. (Juan 6, 53) Él se transforma en pan que alimenta la vida santa de sus seguidores. Es único, cualquier otro manjar será insustancial y dejará al ser humano más debilitado que antes, hasta producirle la muerte. Pero, no logramos entenderlo, a pesar de profundas y desgraciadas experiencias. El sinsabor, hasta la amarga desilusión, no consigue imponerse como camino de regreso a la Verdad. Los hombres necesitamos la conducción serena de Quien hizo propia nuestra situación de seres dispersos – sin estarlo – para convertirnos en peregrinos. Por ello, la Eucaristía es considerada un viatico, es decir un alimento para restablecer las fuerzas durante el camino y llegar a término.

4.- ¡Es Jesús! La solemnidad del Corpus destaca la importancia de la Eucaristía, en la dimensión – accesible únicamente por la fe – donde las realidades consistentes se abren al conocimiento de todo aquel que se disponga a introducirse en su contemplación. La expresión que garantizó la suficiente catequesis, para la primera Comunión, de la pequeña Laura Degan – ante el párroco que la examinó – deja de manifiesto la definición exacta del Santísimo Sacramento: “Es Jesús”, el Hijo de Dios encarnado, el Salvador de todos los hombres y, por lo mismo, imprescindible Pan que causa y alimenta la Vida: “El que coma de este pan vivirá eternamente”. (Juan 6,58) La falta de una elemental catequesis sobre la Eucaristía, aleja a muchos cristianos de su necesaria celebración. Y a otros, también muchos, de su digna y provechosa celebración. Es trágico descuidar la centralidad de este sacramento y reducirlo a una ceremonia decorativa para algunos acontecimientos de orden puramente formal. Cristo, presente en la Eucaristía, se hace para nosotros la Verdad y la Vida: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. (Juan 14, 6)