Domingo 1º de Cuaresma – Ciclo C

10 de marzo de 2019

Lucas 4, 1-13

1.- El demonio se atreve a tentar a Jesús. No pasa por nuestra imaginación que el demonio se atreva a tentar a Cristo, el Hijo de Dios. Al maléfico usurpador, ¿se le negó conocer la identidad de Jesús? Los teólogos podrán aportar nuevas luces sobre la cuestión, nos basta el acontecimiento, como Lucas lo relata. Los diversos ofrecimientos del maligno parecen indicar desconocimiento o cinismo descarado. Después de un prolongado ayuno, Jesús experimenta hambre: “No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. (Lucas 4, 2). El demonio aprovecha la natural debilidad de la humanidad auténtica, que Cristo ha asumido, para intentar confundirlo. No lo logra, como era de suponer, y el tentador deja su inútil propósito para reiterarlo – también inútilmente – en los momentos supremos de Getsemaní y del Gólgota. En este marco de referencia se nos propone, de parte de la Iglesia, iniciar el Tiempo de Cuaresma, correspondiente al año 2019. La Iglesia, hoy presidida por el Papa Francisco, está atravesando una tempestad mediática de especial virulencia. A raíz de los graves pecados de pederastia de algunos de sus hijos, agravados por la enorme responsabilidad institucional, de la que están investidos, se ha desatado una feroz campaña. Aunque injusta es explicable, habida cuenta del deterioro moral que se ha producido en algunos miembros destacados de la Institución eclesial. Nuestra sociedad necesita un cambio que interese a sus principales espacios culturales. La respuesta pastoral de la Iglesia debe ser una mayor e intensa espiritualidad en los bautizados.

2.- “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. (Romanos 5, 20) La santidad “in fieri” o en desarrollo, existente en gran parte de los cristianos, debe prevalecer como respuesta a las graves objeciones – fundadas o no – que han tomado estado público. Se cometieron errores de enorme gravedad, que deben ser reconocidos, pero, que no autorizan a juzgar a santos Pastores, quizás limitados por una circunstancial e inevitable ingenuidad. En esta altura de los acontecimientos no cabe dudar del sincero deseo – de nuestros Pastores – de restablecer la justicia, aliviar el sufrimiento de tantas víctimas inocentes y de aplicar las medidas adecuadas para reducir a cero futuros delitos. Monseñor Carlos Scicluna, Arzobispo de Malta, incuestionable y hábil investigador de los abusos sexuales en la Iglesia y confiable informante de la Santa Sede, respondió satisfactoriamente, durante la cumbre convocada recientemente por el Papa Francisco, a la inteligente pregunta de un periodista argentino. El planteo ha sido el siguiente: ¿Por qué, sacerdotes juzgados penalmente y condenados por abusos sexuales, siguen ejerciendo el ministerio? La respuesta fue clara y acertada: La exoneración del estado clerical – o tradicionalmente identificada como “reducción al estado laical” – no constituye un castigo sino una oportuna medida de protección, por parte de la Iglesia, del Pueblo santo de Dios, incluidas principalmente las inocentes víctimas de los abusos sexuales. El ministerio es un servicio y, cuando el mismo queda desacreditado por una grave inconducta del ministro, éste debe ser temporal o definitivamente apartado de sus funciones.

3.- La Cuaresma al servicio de la fidelidad. La Cuaresma nos invita a imitar a Jesús, fiel al Padre y dócil al Espíritu – “conducido por el Espíritu al desierto” – (Lucas 4, 1). Toda la Iglesia debe actualizar, con firme constancia, su vocación bautismal a la santidad. Hace a su perfil propio, ante el mundo que le es contemporáneo. En la búsqueda legítima de prevención, en quienes manifiestan inclinación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada, y para evitar los espantosos escándalos de la pedofilia, se recurre a las ciencias de la psicología y de la psiquiatría. Constituyen un auxilio oportuno y necesario, pero, no son la solución definitiva. La habilitación espiritual necesaria, para el ejercicio del ministerio sacerdotal, está acreditada por una vida bautismal santa. En alguna oportunidad expresé a los seminaristas: “En el ejercicio del ministerio sagrado no existe alternativa: o santos o inútiles”. En otra oportunidad, con ocasión de una ordenación sacerdotal expresaba al neopresbítero: “Acabo de firmarte un cheque en blanco. La cantidad la pondrás vos: santidad, mediocridad o traición”.

4.- Tiempo fuerte para renovar el deseo de santidad. El ejemplo luminoso de Jesús, tentado por el demonio, debe orientar la vida de los cristianos. Es preciso aprovechar este Tiempo fuerte de la Cuaresma para renovar el deseo de santidad, al que debe corresponder una vida bautismal coherente. La gracia es causada por Cristo en base a su dolorosa obediencia al Padre: “Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causade salvación eterna para todos los que le obedecen, porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec”. (Hebreos 5, 8-10) Él está entre nosotros, causando la gracia redentora, y restableciendo la dignidad de los hombres y mujeres que acepten su palabra y conformen a ella sus vidas.