Domingo 8º durante el año – Ciclo C

3 de marzo de 2019

Lucas 6, 39-45

1.- La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Sorprenden las formas que Jesús emplea para enseñar y aplicar lo que enseña. En primer lugar limpia el terreno de todo lo que ahoga y asfixia la semilla de la Palabra. Lo hace con términos poco diplomáticos. Quien esté dispuesto a denunciar errores y pecados debe erradicar de su interior los propios, quizás de mayor voltaje y número que los denunciados: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?… ¡hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”. (Lucas 6, 41-42) ¡Qué oportuna la observación del Señor! Se ha hecho corriente la costumbre de juzgar y condenar como si quien se cree con tal derecho no tuviera culpa alguna. Jesús utiliza el término más severo de su vocabulario: “hipócrita”. Es la “levadura” de los escribas y fariseos de la cual quienes siguen a Jesús deben cuidarse. Es la “hipocresía”, de la que se acusan mutuamente algunos contemporáneos. Las precisas advertencias del Maestro divino manifiestan una inocultable actualidad.

2.- El poder de la gracia de Cristo. Es preciso vivir en la verdad, para ello, Pablo nos guía con su palabra: “Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia”. (Filipenses 1, 21) Por lo mismo, para vivir en la verdad se requiere vivir en Cristo. La fe es, ciertamente, una gracia que debe ser recibida como don divino. No todos la reciben, aunque a todos es ofrecida por Dios. Existen condicionamientos personales y sociales que impiden el acceso a la fe. Son promovidos, con buena o mala intención, por “colectivos” ideológicos que se abalanzan sobre los adolescentes y jóvenes, sin dudas los más desprotegidos espiritual y culturalmente. Somos testigos presenciales de esa realidad lamentable. Es preciso discernir en ella lo verdadero de lo falso, el bien del mal. Cuando Cristo se hace presente en la vida de los hombres, todo cambia. Un adolescente italiano, llamado: Carlos Acutis (1991-2006), cuyo cuerpo ha sido encontrado incorrupto, muestra el poder santificador de Jesucristo, particularmente en la Eucaristía, de la que fue ferviente devoto. La Iglesia ha reconocido la heroicidad de sus virtudes, declarándolo Venerable. De esta manera, su camino hacia la beatificación y canonización se encuentra despejado. Los santos son seres humanos, como lo somos todos nosotros, transformados por la gracia de Cristo.

3.- La predicación y la Verdad predicada. Son los santos quienes testifican la eficacia de la gracia de Cristo. Su misión es presentar al Salvador del mundo. No hay otro que Él. El mismo Señor lo confirma: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado”. (Juan 10, 7-8) El mundo contemporáneo reclama “con angustia” ser redimido por su único e irremplazable Redentor. Quienes se presentan con proyectos novedosos de salvación pulverizan, por lo común, las mejores expectativas e ilusiones del pueblo. No obstante, nuestros contemporáneos caen y recaen en la misma trampa. Los Apóstoles eran respetuosos de las diversas culturas y sabían conciliarlas con el Evangelio que exponían. No recurrían a artilugios para dejar a todos contentos. Su predicación no era un maquillaje para disimular la fealdad del error y del pecado, sino el simple y auténtico ropaje de la Verdad. Si sus oyentes adoptaban la simple capacidad de entender, propia de los humildes, lograban aprovechar el mensaje hasta lograr el cambio o conversión. Para ilustrar esta reflexión bastará recordar el día de Pentecostés y la predicación de Pedro (Hechos 2, 12-36). Su resultado es asombroso: “Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: Hermanos, ¿qué debemos hacer?” (v. 37) “Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar, y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil”. (v. 41).

4.- Las redes sociales y su misteriosa influencia. La evangelización incluye la necesaria pacificación espiritual de quienes deben escuchar y aceptar la Buena Nueva. Será una ardua tarea, que compete principalmente a las familias, a la escuela, a los institutos de formación y a los medios de comunicación social. A esta altura del progreso tecnológico no debemos ocultar la importancia que tienen las redes sociales. Desde las mismas se intercambian conocimientos, opiniones y clasificaciones de contradictorios contenidos. Los personajes de la peor catadura moral se valen de ellos para difamar y calumniar a quienes, por razones ideológicas, pretenden enmudecer y excluir. Pero, como todo medio, las redes pueden servir para el bien o para el mal, para construir o demoler. No es bueno, no es saludable sumergirse incautamente en el entrevero de las redes sociales. La palabra de Jesús crea un clima de verdad que, a modo de fermento, contribuye al cambio auténtico de la sociedad. Es preciso que todos los medios se pongan al servicio de ese urgente cambio.