La Sagrada Familia – Ciclo C

30 de diciembre de 2018

Lucas 2, 41-52

1.- La fe de María y José. Jesús pone a prueba la fe de María y José. La escena del extravío del Joven, tierno adolescente de doce años, ofrece un espacio excepcional para la reflexión. La santidad no exime, a los esposos María y José, de la angustia producida por el comportamiento incomprensible del Hijo. Lo buscan durante tres días: “Al tercer día, lo hallan en el Templo en medio de los doctores de la Ley…” (Lucas 2, 46). Lo más destacable de esta escena, ciertamente dramática, es el recurso a la fe que adoptaron los santos esposos: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía”. (Lucas 2, 49-50) A muchos se les oculta lo que en realidad sostuvo a María y a José. Me refiero a la fe en la persona del Hijo, en quien aún debían hallar el pleno desarrollo y revelación de la divinidad. La expresión del desconcierto de ambos, indica de manera implícita, el recurso a la fe, como virtud sobrenatural infundida por el Espíritu Santo. El no entender señala el impulso interior que aquellos creyentes ejemplares debieron hacer propio en su sagrado hogar de Nazaret: “Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos”. (Ibídem v. 51)

2.- El rol de María y José. La Familia de Nazaret desarrolla normalmente su vida, y oculta – sin esconder – el Misterio divino que salva a la humanidad. María y José saben quién es Jesús, como también conocen el rol que les corresponde, como Madre y como custodio del Hijo de Dios encarnado. ¿Cuál es la relación familiar que los vincula? Es preciso, como en toda revelación de Dios, un espacio a recorrer en la fe. Ellos lo hacen con paso trémulo y firme, con la seguridad construida en el amor y en la confianza. Para ello atraviesan el escabroso sendero de una vida no exenta de grandes tribulaciones, algunas especialmente violentas. Recordemos los apuros padecidos por José, al proteger “al Niño y a su Madre” de la furia criminal de Herodes, en su peligroso exilio a Egipto. María sobrevive a su santo esposo y acompaña a su Hijo hasta la cruz. Simeón había profetizado “la espada de dolor” que atravesaría su corazón. La fe, convertida en fidelidad, asiste a ambos en los años transcurridos en el Hogar de Nazaret. La propensión, muy común, a desmoronarse ante el mínimo quebranto, causa una presión inocultable, también contra la estructura familiar sólidamente fundada en la virtud y en la santidad. Aunque es posible recibir la gracia fuera de los medios sacramentales habituales, la Palabra predicada por la Iglesia y el testimonio de los santos son decisivos para quienes creen.

3.- Matrimonio y familia. Hallamos un deterioro imposible de disimular en la institución de la familia tradicional. Como el mismo hombre, en su identidad de varón o mujer, la familia no es producto – en su esencia – de un proceso cultural. Su origen responde al proyecto divino y, por lo mismo, no tolera la manipulación que ciertos sectores irresponsables promocionan y pretenden imponer a la sociedad. Es inmodificable que el matrimonio esté constituido por la unión entre un varón y una mujer. La familia procede naturalmente de esa unión. La destrucción del matrimonio y de la familia concluye en la trágica desaparición de la misma humanidad. Grave desenlace, no tenido en cuenta a causa del espantoso relativismo imperante, y de la inexplicable intentona por colocar en el mismo nivel al matrimonio con otras formas de relaciones y de su homologación legal. La realidad natural, distorsionada por acción caprichosa de algunos gestores del pensamiento progre, se resiste a ese manoseo y, finalmente, toma represalias contra sus atacantes. Existe un axioma estremecedor: “Dios perdona a todo pecador arrepentido, no así la naturaleza dañada por el pecado”. Algunos síntomas, del mal provocado por un engañoso uso de la libertad, aparecen como oportunas advertencias.

4.- El modelo de Nazaret. El modelo asombroso de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, se constituye en auxilio de toda familia humana. De esa manera revela su verdadera perfección y encarna la gracia que hace posible su realización. Cuando la desorientación es mucha, Dios multiplica los recursos e intensifica su acción redentora. Lo hace a través del testimonio de hombres y mujeres santos que están dispuestos a reconstruir la familia a la luz de Nazaret. Los sacerdotes tenemos el privilegio de acompañar a algunos jóvenes empeñados en vivir su noviazgo en santidad, preparando la celebración de su matrimonio en fidelidad a Dios y entre ellos.