Navidad del Señor – Ciclo B

24-25 de diciembre de 2017

(Aurora) Lucas 2, 15-20

 

 

1.- Los pastores, primeros destinatarios de la Navidad. No es extraño, al proceder de Dios, revelar sus misterios a los pequeños y humildes. Quienes se consideran muy dotados intelectualmente, o con poder que los sitúa sobre los otros, no entenderán que sea así. Pero, lo es, de manera explícita o implícita. La revelación del Dios encarnado, y nacido la noche de Navidad, no será anunciada a los grandes y poderosos de la sociedad, sino a los que no cuentan o son poco y nada estimados. Los pastores son simples, y sus intelectos no han sido ilustrados para las lucubraciones propias “de los sabios y prudentes” (Mateo 11, 25). Transmiten exactamente lo que ven y escuchan, sus corazones se llenan de gozo, mientras María “conserva estas cosas y las medita en su corazón” (Lucas 2, 19). Si la Navidad es una alicaída Fiesta familiar, o de compañeros de juerga, su sentido original permanecerá sumido en la sinrazón, con el riesgo de desaparecer. Sería trágico que ocurriera. Durante el Adviento, de la mano de la Iglesia y del Bautista, hemos comprobado la necesidad del Mensaje navideño. Distanciados prudentemente de cierta concepción folclórica – sin negar la importancia del arte como expresión de la cultura del pueblo – recuperaríamos la sustancia de verdad que expresa la Navidad.

2.- Reacción evangelizadora de los pobres pastores. Es preciso volver al Evangelio y dejarnos guiar por San Lucas. Aquellos pastores no permanecen inactivos, con la experiencia inefable de haber sido visitados por los Ángeles, reaccionan de inmediato: “Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado. Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre”. (Lucas 2, 15-16) Su protagonismo, en aquella impresionante noche santa, dio marco histórico a la celebración de la Navidad. Desde entonces, el mundo cristiano se impone silencio para la contemplación del divino Niño, recostado en un pobre pesebre, entre María y José. Es un silencio al servicio de la contemplación, sin el artificio de luces coloreadas por acción de quienes extraen, de esa sagrada escena, ventajas mercantiles mezquinas e injustificables. San Francisco de Asís ha logrado representar el Nacimiento del Señor, prescindiendo de toda ornamentación superflua. Conociendo su opción por la pobreza, no podemos imaginar al “poverello” en un moderno supermercado para obtener elementos de cotillón y pirotecnia. Supo, sin duda, transparentar la pobreza de Belén, desde una visión honesta y piadosa del Misterio celebrado. Más aún, Francisco aprendió a ser pobre cultivando la pobreza admirable que observaba en Belén.

3.- Como María “meditar en el corazón” la Navidad. Recuperar el sentido de la Navidad exige imitar a María y a los santos. “Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lucas 2, 19), nos dice el texto bíblico hoy proclamado. Para volver a él necesitamos adoptar esa actitud contemplativa. Se fundamenta en la humildad y logra su perfección en el amor. La contemplación es amor, despojado de todo atisbo de egoísmo. María considera un privilegio otorgado “con bondad a la pequeñez de su servidora” (Magníficat. Lucas 1, 48) y que espera de ella la devolución de su amor purísimo y pobre. ¡Qué lejos nos encontramos de ese modelo tan cercano a nuestra condición humana! La incredulidad, o la debilidad de la fe, forman el entorno agresor – quizás inconsciente – de quienes quieren creer y vivir como creyentes. Es una atmósfera que los hombres respiran sin reconocer formalmente su existencia. La violencia política, cuya humareda diabólica contamina nuestros espacios más respetables, parece estar en aumento. La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, acaba de emitir un comunicado muy oportuno: “Como pastores deseamos hacer un nuevo llamado al diálogo. Para responder a las muchas urgencias y angustias de nuestros hermanos más frágiles, especialmente los jubilados, y para construir una sociedad justa y equitativa, no existen dos caminos, el diálogo o la violencia, solamente hay uno, el diálogo”. (CEA. Viernes 15 de diciembre de 2017)

4.- Partida que deben ganar los pacíficos. Lejos de la gracia se hace muy difícil la práctica del diálogo. Cuando menciono el término “gracia” incluyo notables aproximaciones, como las que aparecen entre algunos hombres y mujeres dispuestos al sacrificio por el bien común. En un clima enrarecido, como el que ha imperado durante recientes y tumultuosas jornadas, los ciudadanos pacíficos son excluidos, o descuidada su representación por quienes desempeñan, en la actualidad, algunas funciones dirigenciales. Esta partida debe ser ganada por los pacíficos. Estamos celebrando la Navidad. En ella nos ha nacido el Príncipe de la Paz. Es Él quien ha venido a buscar lo que estaba perdido. De esa búsqueda empeñosa nadie queda excluido, por más culpable que sea. Los mismos violentos, con sus rostros distorsionados por el odio salvaje, pueden convertirse en seres pacíficos y artífices de la paz.