Sagrada Familia de Jesús, María y José

27 de diciembre de 2015

Lucas 2, 41-52

1.-   La voluntad de su Padre.   Aquella no fue la travesura de un adolescente de doce años, que había optado por vagabundear por las calles de Jerusalén. Por la respuesta dada a su Madre deducimos que Jesús había adquirido un claro concepto de su misión. A partir de entonces el joven, sujeto a la autoridad de María y José, manifiesta que su empeño constante es “hacer la voluntad del Padre” ( de su Padre celestial). En Nazaret forma parte de una familia perfecta – con María y José – en la cual la imagen sagrada de la Santísima Trinidad halla un reflejo ejemplar.  Ya en tiempo de Navidad, en el último domingo del año, la Iglesia celebra la Fiesta de la Sagrada Familia. Es una familia imitable, humana, parte de una sociedad humilde y trabajadora; capaz de relaciones de buena vecindad y, por lo mismo, solidaria y coparticipe de los sufrimientos y esperanzas de aquel pueblo. Debía ser así. En las leyes de la Encarnación del Verbo se observa conformada una verdadera familia en la que el Dios encarnado  logra una cercanía e intimidad con el mundo, con el fin de abrir el camino de la Redención. María, la llena de gracia y José el hombre justo, constituyen el entorno familiar del esperado Mesías, el Santo de Dios. María concibe en su seno por obra misteriosa del Espíritu Santo, de manera virginal y, virginalmente, da a luz a Cristo. José es verdadero esposo de María, pero, constituido en custodio de la virginidad de su esposa, lo será de su maternidad virginal. Es una familia singular que, por serlo, no deja de expresar, en la naturaleza humana de los tres el caracter familiar de la Divina Trinidad.

2.-   El magisterio vivo sobre la familia.   La presentación de esta familia ejemplar incluye el mensaje esperado para corregir errores y construir, en la verdad, la imagen verdadera de Dios. El estado actual de la familia, sus profundas grietas y escandalosas falsificaciones, reclama una revisión a fondo de su original identidad, a la luz de la revelación evangélica. La Sagrada Familia de Jesús, María y José, constituye esa accesible revelación. Es la referencia necesaria para toda familia humana. Es allí donde se exhiben los valores humanos principales y donde los hombres y mujeres reciben la primera educación en los mismos. Si se la deteriora con falsas versiones sobreviene su destrucción como núcleo de la sociedad, incapacitándola para el desarrollo normal de las personas. ¿En qué situación nos encontramos en la actualidad? Conservando un “resto” saludable no hay razón para ceder a la desesperación. Es verdad que últimamente se han otorgado avales legales, inimaginables en el pasado. Me refiero al impropiamente llamado “matrimonio igualitario” entre personas del mismo sexo. Tal concesión, regulada por insustentables normas legales, está avanzando sobre pueblos originariamente evangelizados por la Iglesia Católica. Por causa del Evangelio, que debe predicar, la Iglesia hace presente el magisterio del mismo Cristo, que contradice dicha postura. La Iglesia no es dueña de la doctrina que se deriva de las enseñanzas del Maestro divino. No puede cambiarla, ni hacer una lectura que la contradiga esencialmente.

3.-   La Sagrada Familia es modelo de toda familia humana.   El Papa Francisco ha dispuesto la celebración de dos Sínodos episcopales referidos a la familia. La introducción de elementos llamados “culturales”, que han puesto en tela de juicio lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y no puede modificar, le obliga a recordar lo que ha sido así “desde el principio”. Su misión seguirá siendo la de Jesús: ir al encuentro de las personas, como expresión de la misericordia y del perdón, sin ocultar o disimular la verdad. La Sagrada Familia acerca toda su verdad – que es la de Dios – a las familias contemporáneas. En ella están los valores que la fundamentan y perfeccionan. Si son descuidados o negados, la familia entra en un cono de sombras, que pone en grave peligro la supervivencia de la misma sociedad. Quizás no se midan con honestidad las consecuencias que la irresponsabilidad ha desencadenado a partir del propósito de destruir o desnaturalizar el concepto de familia, que inspiró, hasta hace pocos años, nuestra vida social y que, gracias a Dios, conserva su saludable vigencia.

4.-   Su virtud principal: el amor para siempre.   Ante el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, se produce el deseo de recuperar la familia, como el Creador la ha pensado. No es un mero contrato entre dos – varón y mujer – que los compromete a compartir sus individuales historias y, de esa manera, formar una familia. Constituye un “misterio de amor” y extrae su sentido profundo de Dios-Trinidad Santa, que está destinada a reflejarlo. El relato del Génesis, lo expresa con total claridad: “Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen…”.  “Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer”. (Génesis 1, 26—27) El valor principal, que debe expresarse en una familia bien constituida, es el amor. Un amor, como el que define a Dios; que crea relaciones entre las personas y logran su perfección mediante la eliminación de todo egoismo.  Incluye una clausula, cuya no observancia obstruye el amor verdadero: lo “definitivo” o “para siempre”. En la Familia de Nazaret se cumple, de manera perfecta, ese destino original. La gracia de Cristo, que está a disposición de los creyentes, los acerca a la perfección. La Iglesia acaba de canonizar a los padres de Santa Teresita de Lisieux: Santa Celia y San Luis Martin. El título de su canonización reza así: “esposos y padres”; de esta manera señala al matrimonio y a la familia como camino de santidad. La recuperación de la familia necesita el testimonio de santidad de las familias cristianas. Su modelo excelente es la Sagrada Familia de Jesús, María y José.