Domingo IV de Adviento

21 de diciembre de 2014

Lucas 1, 26-38

1.-  Maria vive de la fe.  A partir de la Encarnación Maria vive de la fe dando a Pablo, por anticipado, una exacta formulación a su lúcida enseñanza: “El justo vive de la fe”.  El último Domingo de Adviento presenta lo que está en el origen de este acontecimiento navideño. Es el anuncio del Ángel de Dios a la joven y humilde Virgen. En el clima creado por su intervención, Dios se revela enamorado – en esa Santa Virgen – de la humanidad, no obstante empeñada en permanecer alejada de Él. Somos parte de esa humanidad que Dios ama. Somos personalmente amados por nuestro Creador y Padre. Es urgente tratar este tema en el dia en que lo celebramos, o intentamos celebrarlo. Me refiero a la Navidad 2014, dentro de cuatro dias. Es Dios mismo Quien nos recuerda cuánto nos ama. Necesitamos lucidez para conocer esa Verdad y ser partícipes convencidos de lo que festejamos. He oìdo las más extrañas interpretaciones, con el fin de justificar el encuentro de familiares y amigos, y de esa forma explicar el feriado del calendario universal. No todos muestran interés por celebrar “a lo cristiano” el acontecimiento cristiano. La ignorancia explica esas disímiles posturas.

2.-  La verdad de la Navidad.  Todas las aproximaciones son válidas, pero, no podemos quedarnos en ellas, sin recurrir a la verdad histórica que las atrae y sustenta. El mundo actual está sensibilizado contra los mitos y las fábulas. Exige, quizás sin proponérselo, que se les diga toda la verdad. Es la que el Evangelio presenta, mediante sus testigos acreditados. ¿Por qué no abandonar prejuicios y escuchar como niños lo que nos relatan quienes conocen, desde sus orígenes, el Hecho celebrado? Me refiero a los Apóstoles de Jesús, que han dejado vivo su testimonio y lo transmiten por la Tradición y la constante fe de la Iglesia. Es preciso despertar la predisposición de escuchar a quienes corresponda. Ello incluye un apredizaje de humildad que debe ser incorporado a la educación familiar, escolar, profesional y popular. Percibimos las quejas de una sociedad lastimada por el mal trato, la intolerancia, la mezquindad y la criminalidad. La solución de fondo no consiste en ampliar las cárceles y agravar la leyes para una represión más eficaz. Sin una recta educación de la libertad, para elegir el bien y rechazar el mal, cualquier proyecto represivo oscila entre la ineficacia y la reacción violenta. En este aspecto poco se ha avanzado, por lo contrario, se ha retrocedido.

3.-   El clamor de los humildes.  La Salvación, que únicamente viene de Dios, debe ser acogida con la sencillez de María y la pobreza de los pastores de Belén. Difícil actitud, que excluye toda ficción, pero que capacita a leer la misteriosa intervención de Dios, sin títulos académicos ni poder adquisitivo alguno. Los pobres sin ambiciones y los marginados humildes son los privilegiados y llevan la delantera en el ingreso al Reino. Atraen la mirada de Dios y son elegidos para formular la Verdad que la humanidad necesita para salvarse. Cuando los poderosos política y económicamente valoren la humildad de los pobres y excluidos de este mundo como la valora Dios, adquirirán la sabiduría para ordenar la sociedad que deben gobernar; es decir: los mandatarios no defraudarán a sus mandantes y sus colaboradores serán auténticos ministros o servidores. ¿Así lo piensan quienes se presentan como candidatos para ejercer el poder político? Algunas expresiones, vertidas en el transcurso de las diversas campañas electorales, parecen acercarse teóricamente a ese ideal. Pero, quienes creen en Cristo no podrán desoír el mensaje y el clamor de sus hermanos más humildes.

4.-  Cristo debe ser predicado al mundo.  En pocos dias adoraremos al Pobre Niño de Belén y leeremos, en esa conmovedora escena, la Verdad que el mundo necesita para dejar de ir a los tumbos. Por eso Cristo debe ser predicado a todos, sin ánimo proselitista, sino para que el Evangelio sea propuesto a la libertad, saneada por la Redención, de quienes aún gimiendo bajo el yugo del pecado, esperan la Salvación nacida en la Noche fria y Santa de Belén.