Memoria de un Congreso Eucarístico inolvidable

Desde el 2 al 5 de septiembre de 2004

en la Provincia de Corrientes

5 de sptiembre de 2014

1.-  El Señor me ha dispensado una gracia, inusual en la vida de un simple Obispo: la celebración de un Congreso Eucarístico Nacional, cuya Sede elegida fue la Arquidiócesis de Corrientes, entonces bajo mi cuidado pastoral. Cuando fue propuesta por el Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el actual Cardenal Estanislao Karlic, me estremecí y puse mis reparos. Entendí que debía hacerlo y presenté, ante la Asamblea Plenaria del Episcopado, dos fuertes objeciones: 1) Corrientes acababa de salir de un conflicto político-institucional de graves derivaciones, en el que nuestra Iglesia arquidiocesana debió hacerse evangélicamente presente; 2) La pobreza económica de nuestra Provincia, que desalentaba una empresa de tal envergadura. Me ofrecieron todo el apoyo, con tal que aceptara. Consulté a mis colaboradores inmediatos y recibí como respuesta: – “Qué bien, Monseñor!!! ” – Nos quedaban dos años para preparar y poner en marcha la compleja organización del evento, y nos pusimos a trabajar. Entre ustedes está viva la memoria de aquellas intensas jornadas.

2.-  Como Iglesia arquidiocesana recibimos la misión de organizar el Congreso, formular su fundamentación e intentar que fuera un verdadero acontecimiento de gracia. Ante las graves dificultades por las que entonces atravesaba la Nación, cuyos ciudadanos se profesaban católicos en su mayoría, el Congreso debía transmitir un mensaje evangélico de particular actualidad. Imploramos al Señor la gracia y la protección maternal de la Virgen en su advocación, tan venerada y amada por nuestro pueblo de Corrientes, de Nuestra Señora de Itatí. Cuando se trató de elegir el lema, que definiera y orientara el acontecimiento, fue Marcos quien nos ofreció la clave evangélica. Me refiero al texto de la multiplicación de los panes, como se relata en el capítulo sexto versículo 37: “El les respondió: Denle ustedes de comer”. La Eucaristía es Cristo, Pan bajado del cielo. Incluye los valores humanos cuya obtención da vida a los hombres y cuya ausencia se la quita. El mundo revela profundas carencias espirituales, origen de los males que se manifiestan radicados en todos los niveles de la sociedad. La Argentina es parte de ese mundo carenciado y que, por lo mismo, necesita el Pan nutritivo “bajado del cielo”.  La Eucaristía es el sacramento de ese Divino Pan. La Iglesia debía darlo, de allí la orden que Jesús imparte a sus discípulos: “Dénles ustedes de comer”.  La elección del tema y del lema corresponde a ese propósito.

3.-  Cristo revela, por su condición humana, los valores que los hombres debemos cultivar si queremos ser auténticamente humanos. La Iglesia no ha cesado jamás de predicarlo “con ocasión o sin ella”. Si lo dejara de hacer traicionaría la misión de ser testigo de la Resurrección. La celebración del X Congreso Eucarístico Nacional, nos ofreció la oportunidad providencial de situar a Cristo resucitado, mediante su Sacramento pascual, en el centro de la vida ciudadana de los cristianos. Sería un gesto de singular trascendencia, mediante el cual toda la Iglesia en la Argentina, proclamaría al mundo la divinidad de Cristo y su absoluta necesidad. A partir de esa idea, que inspiró el texto episcopal de la convocatoria al Congreso de la Conferencia Episcopal Argentina, se organizaron las diversas comisiones de reflexión y servicio. El mismo himno, trabajado esmeradamente por el Padre Zini y Pocho Roch, plasmó la idea y el propósito pastoral del Congreso.

4.-  Su meta pastoral fue reanimar la conciencia de que no estábamos bien – en cuestiones fundamentales – porque habíamos desplazado a Cristo del centro de nuestra vida personal y social, aún profesándonos cristianos. El Congreso Eucarístico, convertido en “acontecimiento de gracia”, debía movilizar los corazones de más del 80% de los bautizados argentinos, entre ellos muchos dirigentes políticos y sociales, desvinculados del contenido y la práctica de la fe en la que fueron bautizados. Debía constituir una verdadera gesta evangelizadora, contando con la conducción del mismo Jesucristo, presente en el Sacramento que diariamente celebra la Iglesia. La elección de los temas de reflexión y encuentro se refirieron a los asuntos más necesitados de aportes desde la fe, algunos específicos de la Iglesia, como la catequesis y la liturgia, otros de honda gravitación en la vida de la sociedad, como la justicia, la familia, la educación, la cultura y la salud. Cristo, presente en la vida de los hombres por su Espíritu, ha elegido esa humildísima forma sacramental, para que la cercanía de Dios desafiara la soberbia de los necios. La necesidad de que Cristo recuperara la centralidad, que le corresponde en la historia, saltaba a la vista. En el transcurso del siglo pasado, y en lo que va del actual, se observan avances y retrocesos. El comportamiento personal y social ha perdido, de manera pública y escandalosa, su referencia a las normas morales. Los valores, que sacaban de ellas el vigor y la solidez, para su permanencia en cada una de las expresiones de la vida social, han sido irresponsablemente diluidos. Sin duda, y lo expresamos desde la fe, se ha perdido la referencia a Cristo, el Señor de la historia. El mundo, occidental y cristiano, ha abandonado, implícita y explícitamente, su condición de cristiano. No era, aquel y éste,  el momento de discutir sus causas y de entretenerse en diagnósticos controvertibles. El Papa Francisco expresa cuál debe ser el comportamiento de la Iglesia en estos dramáticos tiempos de crisis: “La Iglesia “en salida” es una Iglesia con las puertas abiertas. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino….La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”. (Evangelii Gaudium, 46-47) Nuestra intención, al celebrar el Congreso Eucarístico, apuntaba a ser un nuevo acercamiento, de Cristo y de su Iglesia, al mundo.

5.-  ¿Lo hemos logrado? Simple pregunta para una respuesta compleja como la vida misma. Mucho de lo que se ha logrado está en los corazones. Lo exterior, manejado por pocas personas y muchos recursos, quizás haya descendido en la escala de las virtudes. Las pruebas saltan a la vista cuando gana terreno la corrupción y eleva su voltaje la violencia. Al concluir el Congreso algunos afirmaron que se había producido un “antes y un después”, en Corrientes y en la Argentina. En los acontecimientos de gracia siempre se produce un cambio. Todo lo que hace Dios – ese efecto interno e invisible – se resiste a ser espectáculo. La multitud de peregrinos y asistentes constituye el hambre y sed de Dios de todos los hombres, aún de aquellos que se manifiestan ateos o indiferentes. Esta es la manera creyente de observar lo que pasó hace diez años. Siempre estaremos en deuda con Dios y con el mundo. Desde el dia cinco de septiembre de 2004 se abrieron las ventanas de un futuro a construir por quienes recibieron el impacto de aquellos días de intensa espiritualidad eucarística. Los participantes profesaron públicamente su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y, al mismo tiempo, depositaron su esperanza en la eficacia de la gracia que procedía de Él. “Es Cristo!!” decía el santo Cura de Ars, señalando el humilde Sagrario de su pequeño templo. Es una presencia que otorga a nuestras vidas atribuladas, el Espíritu Santo, Artífice de toda transformación.

6.-  El Cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, participó en todas las jornadas del Congreso y presidió una de las Eucaristías. No quiero presumir imaginando que, en aquel Congreso, Jesús lo preparó para ejercer el Sumo Pontificado en la Iglesia. No es desacertado pensarlo. El Señor marca los caminos, inspirado en su eterno y misterioso designio. Es admirable lo acontecido en ese Congreso. Quiero destacar que, después de Jesús y de la Virgen, el pueblo correntino se distinguió por su capacidad anfitriona y su asombrosa hospitalidad. Los peregrinos, venidos de todos los rincones del país, mantienen vivo el recuerdo y la impresión causada por la amistad correntina, durante aquellas jornadas inolvidables. Antes de concluir no quiero dejar de señalar, no podía ser de otra manera, la presencia materna de la Virgen, en su advocación correntina de Nuestra Señora de Itatí. Los Obispos en Asamblea Plenaria solicitaron la visita de la Imagen autética. Acordamos dedicarle la mañana del 4 de septiembre. Fue trasladada por su mismo pueblo de Itatí y recibida con profunda piedad por la multitudinaria concentración de fieles y sus Pastores. Guardo en mi memoria el espectáculo inédito de los Obispos, acercándose a venerar la sagrada Imagen y depositar en ella un beso humilde y filial.

7.-  La referencia constante a la Eucaristía debe ocupar la vida de una Iglesia llamada por Cristo a superar las tentaciones del desierto y a sobrevivir hasta el fin de los siglos. No ha sido pensada por su divino Fundador para ser políticamente poderosa sino para que todos los hombres crean en Jesús y logren así la Vida eterna. La Eucaristía es centro y cumbre de la vida eclesial, y reveladora de que Cristo es centro y cumbre de la historia humana. El Congreso Eucarístico, celebrado en Corrientes hace diez años, se ha propuesto reactivar la centralidad de Cristo en la piedad de nuestro pueblo y constituir, para todas nuestras comunidades, el secreto de su fecundidad evangelizadora y la animación de las vocaciones a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal. La merma de vocaciones indica un debilitamiento en la auténtica celebración de la Eucaristía. Es verdad que la vocación bautismal orienta a la santidad de todo el pueblo que la celebra. No obstante, de las comunidades de fe, llegadas a la Eucaristía, deben aparecer naturalmente santos pastores y santos consagrados. La Eucaristía – Cristo mismo – santifica al pueblo de Dios y, por medio de ese pueblo santificado, evangeliza al mundo.