Sagrada Familia de Jesús, María y José

29 de diciembre de 2013

Mateo 2, 13-15. 19-23

           La familia cristiana. En este último domingo del año 2013 la Iglesia celebra la Solemnidad de la Sagrada Familia. En el Evangelio relatado por San Mateo se proyecta una familia bien formada. Es la compuesta por Jesús, María y José. Allí brilla la santidad y la práctica de todas las virtudes que hacen a su constitución. La Iglesia primitiva debió enfrentar una mentalidad pagana, muy marcada por componentes morales enfrentados con la “forma de vida” propuesta por la predicación apostólica y testimoniada por las primeras comunidades cristianas. Ya desde entonces se produjo una inevitable colisión social entre una mentalidad y la otra. La cristianización progresiva de la sociedad impregnó su estructura política y económica, su legislación y la educación de sus jóvenes y niños, como, también, las expresiones de su cultura. No existía aún la convicción, que hoy aparece como anhelo común, de la necesidad de una convivencia pacífica, marcada por el diálogo y la tolerancia. Andar caminos comunes ha dejado secuelas de aquellos comportamientos intolerantes y excluyentes que procedían del pensamiento antiguo, de sus legislaciones y culturas, de sus formas religiosas.

          La Sagrada Familia, modelo de la familia humana. Es triste comprobar que el hombre haya sido dañado en su forma tradicional de vivir en familia. La Sagrada Familia de Nazaret es el paradigma de la familia humana. La presencia ejemplar del padre, de la madre y del hijo es modelo incuestionable de la familia como origen y cuna, del que nace el ser humano y aprende a ser persona y a conformar una sociedad. La sociedad es como son las familias que la constituyen. Si manifiesta signos de grave  deterioro habrá que hacer un diagnóstico cuidadoso examinando su base familiar. Allí está la raíz del mal que es preciso extirpar para recuperar la salud. Hemos sido testigos atónitos de la manipulación y banalización de la sagrada institución conyugal y familiar. Sus consecuencias saltan a la vista y contaminan el clima social contemporáneo. La Solemnidad de la Sagrada Familia mantiene la respuesta de Dios al error de que es respeto a la “pluralidad” la nivelación del matrimonio y la familia con otras formas de unión, impropiamente legitimadas por la legislación que los hombres se imponen.

          Desde el amor a la constitución de la familia. Es preciso desmitificar algunos relatos bíblicos y extraer toda su verdad para aplicarla a la vida de los hombres y de sus instituciones esenciales. La Sagrada Familia de Jesús, María y José expone la única forma revelada de vivir en familia, desde la base del amor de un hombre y una mujer que se reconocen el uno para el otro. Es ésta una Familia especial, convertida en espacio donde nace y crece el Hijo de Dios encarnado. Allí están los esposos que se aman. Un amor que excluye toda indebida apropiación, para expresar el Amor Trinitario, fuente y perfección del amor entre las personas creadas. Una Madre Virgen, un padre custodio y un Hijo Dios. Verdadero Misterio, revelador del amor que Dios profesa al mundo. La solicitud silenciosa de María, la fidelidad sin límites de José y la insólita subordinación de Jesús a ambos, señala virtudes irremplazables en toda convivencia y su base familiar. Allí se comprueba que no se logra la armonía que hace a la comunidad sin referencia a Dios. Cuando se excluye esa principal referencia todo pierde consistencia e irresponsablemente se acude a fáciles sustituciones. Es lo que pasa en algunas aparentes reivindicaciones contemporáneas. Para algunas de ellas, la Iglesia Católica es sindicada como la principal enemiga. Cuando la desviación ha experimentado tanto descontrol, como el actual, la insistencia en la verdad revelada es considerada como un retroceso deplorable. Presentar a María como modelo de toda mujer causa cierto escozor; en ella aparecen los valores netamente femeninos, desestimados hoy, en la presentación del nuevo modelo de la mujer “emancipada y progresista”, por la parafernalia asomada en los medios de comunicación social. Me refiero especialmente a los valores de la maternidad y de la virginidad. La visión cristiana de ambos, otorga solidez a la misión de la procreación y de la educación y a la capacidad de llevar a la perfección la vivencia de la caridad.

          La familia cristiana, principal evangelizadora. Podríamos extender ilimitadamente nuestra reflexión sobre el modelo de familia aportado por la Sagrada Familia. Se nos ofrece la oportunidad de que las familias cristianas, coherentes con la fe profesada en el bautismo de sus miembros, y del mismo sacramento constituido en fuente de su vitalidad, celebren y testimonien el proyecto revelado que las compromete hoy. El hijo, como don inapreciable, se constituye en una presencia nueva de Dios entre los sinsabores causados por la incredulidad. María y José constituyen el mundo que espera al Redentor, que lo saben cobijar y cuidar, como lo hicieron ellos. La familia cristiana se erige así en anunciadora de los valores que nuestra sociedad pretende olvidar. Es, por lo mismo, la principal evangelizadora.