06/01 – Epifanía del Señor

6 de enero de 2013

Mateo 2, 1-12

 

          Herodes, prefigura de todo hombre fatuo. ¡Cuántos recuerdos trae esta tradicional Solemnidad! Una extraña laicización ha borrado su encanto religioso. La Iglesia sigue celebrando la Epifanía o el día de los Reyes Magos recuperando la tradicional adoración de aquellos personajes venidos del lejano Oriente. El desasosiego surgido en Herodes y en su corte constituye una prefiguración que llega a nuestro tiempo. Herodes es el hombre cuya ambición es ser rey siempre, dominar sobre el pueblo, no intentando otra cosa que seguir en su trono sin ser eclipsado por nadie, ni por Dios. El temor de ser reemplazado por otro acongoja a aquel hombre fatuo. Los visitantes de Oriente cometen la ingenuidad de preguntar al lobo dónde está el apetecible Cordero. Ocurre con frecuencia que la inocencia de los humildes, con sus honestas apreciaciones, despiertan la inquietud en quienes no toleran que otros ensombrezcan su poder y prestigio. Herodes es el arquetipo de la soberbia, capaz de llegar al crimen por disipar cualquier peligro contra la estabilidad de su poder. La matanza de los inocentes, registrada por el mismo evangelista San Mateo, constituye el extremo absurdo de esa actitud demencial.

          En los Reyes Magos la humanidad reconoce la mesianidad de Cristo. Nuestra reflexión no está orientada a calificar la conducta moral de los múltiples Herodes de la historia. Hoy es la Epifanía del Señor. Es la “manifestación” del Dios encarnado y, en consecuencia, adorado por aquellos admirables personajes representativos de todos los hombres, con sus diversas culturas y legítimas situaciones. En aquellos Santos Reyes Magos la humanidad reconoce la mesianidad de Jesús y se prosterna humildemente ante Él. Es Dios mismo que, en el Niño Dios, se introduce en el mundo para recrearlo por el perdón. Es la misma Misericordia que llama al arrepentimiento y a la conversión. Todo el Adviento y el tiempo de Navidad constituyen mojones destacados para que, quienes componemos la actualidad de este mundo, identifiquemos la bondad del Dios cercano a nuestra situación necesitada de su Redención. Para hacernos dignos de ella será preciso adoptar el gesto de adoración de los Reyes Magos ante aquel Niño que su Madre ha envuelto en pañales y reclinado en un tosco pesebre. ¿Será posible hoy, entre las márgenes marcadas a fuego por la incredulidad y la corrupción? La fe auténtica se activa por la esperanza y desemboca en la caridad. Por más descalabrada que aparezca la estructura del mundo moderno es el mismo hombre creado por Dios el que la padece y protagoniza.

          La adoración de los Reyes es modelo de búsqueda y fidelidad. Por ello, todo hombre es redimible y puede, mediante un verdadero “per saltum”, dejar el pecado y llegar a la santidad. La capacidad para lograrlo no proviene de sus energías irremediablemente debilitadas, sino de la gracia de su Redentor. Es preciso reconocerlo, como lo contemplaron María, José, los pastores y los Reyes Magos: “…niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas 2, 12). El olvido y la indiferencia, ante el Misterio de Cristo, constituyen una alerta roja en estas circunstancias conflictivas. Todos hablan de conflictos y pocos son quienes están dispuestos a resolverlo acudiendo a la verdadera solución. El gesto de adoración de los Reyes Magos se erige en modelo de búsqueda y de fidelidad sobre el sendero trazado por la misteriosa estrella. Dios protege la rectitud de intención de aquellos peregrinos a su Pesebre y les evita la trampa armada maliciosamente por Herodes. Los santos saben enfrentar con sagacidad las intrigas y embustes, para ello el Señor se pone de su lado y los asiste.

          Los “ángeles” que corrigen el camino para el regreso. Es oportuno aprender de ellos y tomar “otro camino” para burlar las intrigas del error y del mal. Ese otro camino es señalado por el Ángel de Dios mediante el anuncio del Evangelio y el testimonio de santidad de quienes se someten a sus inspiraciones. El Beato Juan Pablo II no dejaba de anunciar que hemos iniciado un siglo, hasta un milenio, destacado por la presencia e influencia de los santos. Son los “Ángeles” que indican el camino acertado a la verdad y saben como desmontar la mentira sobre la cual muchos actuales protagonistas pretenden construir un mundo sin Dios y un orden sin Redentor. El sendero hacia Belén se halla iluminado por la estrella que guió a los Magos y sigue siendo la orientación para quienes buscan honestamente a su Redentor. Desafortunadamente hoy también aparecen poderosos cuya única intención es causar la muerte al Niño Dios. Inútil propósito. Ese Niño ya ha pasado por la Cruz y ha resucitado.