Prólogo a la segunda edición

Los santos son verdaderos hombres y mujeres; como tales, según la expresión de un importante filósofo español, son “y sus circunstancias“. No lograríamos entenderlos fuera de su momento y entorno histórico. También sus culturas, las pautas sociales que compartían, creaban y sufrían, con sus contemporáneos. Pero, sobre todo, sus misteriosos itinerarios, a veces muy complicados,

Introducción

En ella contemplamos el milagro de la misericordia. Nos regocijamos, siempre con ella, en los brazos del Padre y nos ponemos en camino hacia el comportamiento filial de Jesús. Teresa no es una niña, es una mujer. Al leer sus escritos, al contemplar la evolución sorprendente de su“caminito”, me asombra la madurez de su personalidad. Una niña

Su Vocación

Es conocida la búsqueda, por momentos conflictiva, de su definición vocacional. ¿Para qué está en el mundo? Comprende que la percepción de su existencia suscita muchos interrogantes. No son vanos, deben tener una respuesta. Decidida su vocación a la vida consagrada, Teresa se enfrenta con el deber de discernir su exacto lugar en ella, su

El poder del amor

Teresa se atreve porque ama. No existen dificultades que la obliguen a esconderse temerosamente. Su personalidad, hasta aquella significativa noche de Navidad de 1886, se halla como bloqueada por la debilidad de una sensibilidad herida, a los cuatro años y medio, por causa de la muerte de su madre. Es una niña tímida, fácilmente inclinada

La mujer fuerte

En tiempos de la promoción de la violencia y de la resistencia física se pierde el sentido de la auténtica fortaleza. En la sintomatología boxística vence el que golpea más fuerte y derrota a su adversario. Lo convierte en campeón o superior al vencido. ¡Qué distancia enorme de la concepción evangélica! Pablo lo capta de

La soledad como comunión

Desde lo que pudimos descubrir en Teresa estamos en disposiciones de abordar temas tan específicos como el que proponemos ahora. El Carmelo es el desierto fecundo donde grandes solitarios encuentran el ambiente propicio para la contemplación. Así lo sueña la santa, antes de su ingreso, cuando todo lo que ve en su peregrinación a Roma

El Silencio

Se teme al silencio. Es útil preguntarse cuál es el motivo, el verdadero. ¿A qué teme el hombre cuando pretende llenar todo su tiempo con elementos extraños a lo que importa de verdad? Creo que teme al vacío, porque teme a la muerte. Es natural ese temor. Vencerlo parece exceder su actual capacidad. Cuando intenta