LA ORACIÓN DE JESÚS III

La oración de Jesús no sucumbe al método, pero no deja de adquirir una forma definida de relación con el Padre. Corresponde a su sensibilidad, a su realidad psicofísica. Más allá de toda expresión significativa observamos su actitud de amorosa ofrenda. Ofrece al Padre todo lo que ha recibido. Su ofrenda es libre y, por

ATENTO AL PADRE

Así entendida la oración borra de nuestra relación con Dios, nuestro Padre, toda desatención. Para Jesús no hay más que su Padre y lo que éste ama sobre todo. De esta manera adquirimos la posibilidad de comprender hasta qué punto nos ama el Padre: “Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo

MARÍA, LA HIJA PREDILECTA DEL PADRE.

Me es grato concluir estas reflexiones junto a María que siempre, e invariablemente, nos pone a aprender de Jesús. En el tema que nos ha ocupado es particularmente solícita ya que, más que nadie, comprende su necesidad e importancia. Es la elegida para ofrecer su carne virginal e inmaculada a la acción misteriosa del Espíritu