El Padre, mío y de ustedes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA Arzobispo de Corrientes (Argentina) Año del Padre,  1999.   Introducción.   Es más consolador y remunerativo entrar en los grandes temas por la investigación que por la contemplación. El que me dispongo a abordar requiere de la contemplación. Conocer al Padre es poseer la Vida eterna. Ese conocimiento no nace de

MIREMOS A JESÚS.

Para hallar el modo de un comportamiento filial adecuado es preciso el advenimiento de un modelo. Fabricarlo es tan inútil y pernicioso como crear la vida en una frágil probeta de laboratorio. Ha llegado a nuestra vida, lo pensó Dios al proyectar la recuperación de su “oveja perdida”. Jesús es el modelo filial. Es preciso

DEJÉMONOS ENSEÑAR POR JESÚS

La contemplación de Jesús es un verdadero discipulado. Al mismo tiempo, haciéndolo objeto de nuestra percepción espiritual, se constituye en el único Maestro. Su magisterio excepcional requiere de nosotros un aprendizaje basado en la convivencia que Él mismo crea y anima. Allí nos enseña a vivir como Él vive. Su palabra, como enseñanza teórica, es

EL CAMINO DE REGRESO.

Los creyentes, y con frecuencia los consagrados, nos alejamos del camino porque no nos consideramos “de regreso”. Somos el hijo mayor, autoexcluidos de la fiesta familiar, instalados cómodamente en una casa que, por culpa nuestra, ha dejado de ser el recinto donde la familia celebra su vida. A partir del pecado todos estamos de regreso. De

LA ORACIÓN DE JESÚS II

La oración de Jesús no consiste principalmente en devociones o prácticas piadosas. Es una verdadera relación con su Padre ya que “pasaba las noches y días en oración con Dios”. Su oración, como lo recordábamos antes, estimula su conocimiento del Padre, porque alienta su amor, lo hace consciente. La fidelidad es, en realidad, la que