Pobreza de la Eucaristía

El anonadamiento no es, como tampoco el misterio de la Encarnación, un gesto de ficticia aproximación al hombre necesitado. Es pura verdad, como lo es toda relación de Dios con el hombre. La Eucaristía, como auténtica prolongación del anonadamiento de Cristo, empobrece – sin negarla – su actual condición de glorificado. Acepta mantener viva la

Pobreza de importancias humanas

La pobreza que se limita a la carencia de los bienes económicos no logra expresar el valor evangélico de la pobreza. Existe una fuerza virtuosa interna en todo gesto de auténtico despojo: la renuncia a ser importante. La importancia, entre los hombres, depende exclusivamente del reconocimiento de los demás. Responde a lo que se logra en la

Misterio de Obediencia

“Se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz”. (Filipenses 2, 8) Ya Isaías lo presentaba en actitud obediente. El Verbo encuentra una naturaleza humana que se resiste a querer lo que otro quiere, y a someterse a otro dictamen que no sea el producido en ella misma, por la voluntad del

Está para nosotros

Si existe un signo claro del cumplimiento de su propósito de estar entre nosotros, para nosotros, es la Eucaristía. Es Él, personalmente Él. No sé si existe otro modo, más simple y perfecto, para formularlo. Cuando una persona ama mucho a otra no sabe qué darle que signifique su amor. Como no puede hacerse “cosa”,

Silencio ante el sacrilegio

El silencio conmovedor de Jesús en su sacramento de amor ofrece mayor oportunidad para la reflexión. Hemos mencionado algunos hechos materialmente sacrílegos, como son los robos, muy frecuentes, de la sagrada reserva. La ignorancia exonera de gran parte de su malignidad a esos hechos. De todos modos, cuando acontecen, la Iglesia mantiene la práctica de

Oración y contemplación

La reflexión sobre la Eucaristía nos conduce a la oración. Quizás hayamos experimentado, en el transcurso de nuestras meditaciones, un fuerte deseo de guardar silencio y orar. Las palabras resultan inexpresivas para comunicar la riqueza de nuestro encuentro con Él. La oración – como amistad con Dios – que está poderosamente asistida por la Palabra,